Cine y educación #1 — Por qué cine en la escuela
Este es el primer texto de la serie Cine y Educación de Pupilo: cinco conversaciones con docentes que quieren llevar películas a la escuela con más intención, y menos culpa por “parar la materia”.
Abril de 2022. En escuelas de Campos Novos, Curitibanos y Caçador, en el medio oeste de Santa Catarina (Brasil), la 2ª Muestra de Cine Chica Pelega realizó sus Sesiones Escuela. Grupos enteros frente a una pantalla, películas brasileñas, muchas hechas cerca de allí, sobre la historia de su propia región. Quien estuvo recuerda menos las películas que las caras: el silencio que se va formando, la risa que se contagia de uno en uno, la mano que se levanta al final para preguntar “¿pero eso pasó de verdad?”.
Esta serie parte de una pregunta sencilla, que todo docente ya escuchó en la sala de profesores o se hizo a sí mismo: ¿por qué cine en la escuela? ¿No basta con que los chicos vean películas en casa, en el celular, en la tele?
Quizás sea el único lugar
El crítico y cineasta francés Alain Bergala, que entre 2000 y 2002 ayudó a pensar un gran plan de artes en las escuelas públicas de Francia, tiene una respuesta directa. Reconoce que la escuela, tal como funciona, no fue hecha para recibir el arte. Pero recuerda que, para la mayoría de los niños, es el único lugar donde ese encuentro puede ocurrir (BERGALA, 2008, p. 32).
Fuera de ella, lo que llega a los niños son, en sus palabras, mercancías culturales “rápidamente consumidas, rápidamente perecederas” (BERGALA, 2008, p. 32, traducción nuestra). Y la conclusión viene enseguida: si el encuentro con el cine como arte no ocurre en la escuela, para muchos niños corre el riesgo de no ocurrir en ningún otro lugar (BERGALA, 2008, p. 33).
Pensemos en los pueblos del interior, donde el cine más cercano queda a una o dos horas de carretera. Pensemos en el menú del celular, decidido por un algoritmo. La escuela puede ser la única ventana a una película que nadie recomendaría: un documental sobre tu propia ciudad, un corto sin diálogos, una película hecha por otros niños.
Una película no es solo un medio para otra cosa
En la práctica, las películas suelen entrar a la escuela de dos maneras. Una es planificada: la película ilustra un contenido, dispara un debate, abre un tema. La otra es el “uso casual”, como lo describe la investigadora Monica Fantin, de la Universidad Federal de Santa Catarina (UFSC): la película que reemplaza a un docente que faltó o que ocupa una hora libre (FANTIN, 2015, p. 178-179).
La primera manera tiene valor, y nadie necesita abandonarla. Los investigadores Adriana Fresquet (UFRJ) y Cezar Migliorin (UFF) dejan claro que no quieren negar ese uso, una posibilidad que llaman “legítima y potente”; la crítica apunta a que sea el único camino del cine en la escuela (FRESQUET; MIGLIORIN, 2015, p. 14, traducción nuestra). Una película puede enseñar historia, ciencias o lengua. Pero también puede ser otra cosa: una experiencia que no sirve para nada más que para ser vivida, pensada y conversada.
El título de una entrevista con el crítico brasileño Ismail Xavier, de la Universidad de São Paulo, lo resume bien: un cine que “educa” es un cine que nos hace pensar (XAVIER, 2008). Pensar sobre la propia película, sobre cómo fue hecha y sobre todo lo que pone frente a nosotros.
Una “cosa en común” entre docente y estudiante
En El maestro ignorante, el filósofo Jacques Rancière cuenta la historia de Joseph Jacotot, un profesor francés que, a comienzos del siglo XIX, tuvo que enseñar a estudiantes holandeses sin hablar holandés. La salida fue una edición bilingüe de una novela, el Telémaco. El libro se volvió el lazo entre ellos, la “cosa común” (RANCIÈRE, 2002, p. 15). Maestro y alumnos miraban el mismo objeto, y cada uno tenía algo que decir sobre él.
Fresquet y Migliorin proponen que una película, y una película brasileña, puede ser esa tercera cosa entre quien enseña y quien aprende (FRESQUET; MIGLIORIN, 2015, p. 17). Es una idea liberadora para el docente: frente a una película, nadie lo sabe todo. El alumno que vio un detalle en el fondo del cuadro puede enseñarle algo al grupo. La profesora puede sorprenderse. Fantin recuerda que los niños muchas veces perciben en las películas cosas que los adultos no perciben (FANTIN, 2015, p. 180).
No siempre lindo, no siempre cómodo
Llevar cine a la escuela no es llevar solo “cosas bellas”. Fresquet y Migliorin insisten en eso: el cine también es el lugar de lo feo, de lo insoportable, de lo extraño y de lo perturbador (FRESQUET; MIGLIORIN, 2015, p. 12-13). Una buena película puede incomodar, dejar preguntas sin respuesta, mostrar un mundo que el grupo no conoce o que conoce demasiado bien.
Eso no es motivo para huir de ella, sino para preparar la sesión con cuidado. La elección de la película, la edad del grupo, la clasificación por edades y la conversación después de la sesión importan. Hablaremos de eso en los próximos textos.
Mira cómo fueron las Sesiones Escuela
Este video corto muestra las Sesiones Escuela de la 2ª Muestra de Cine Chica Pelega en Campos Novos, Curitibanos y Caçador (Santa Catarina), en abril de 2022.
Para empezar la semana que viene
Mírala antes, a solas. Un corto de 10 a 15 minutos es perfecto. Anota lo que te llamó la atención y lo que puede resultar difícil para el grupo.
Cuida el aula. Luz apagada o cortinas cerradas, un sonido que se escuche desde el fondo, celulares guardados. Una sesión es distinta de “pasar un video”.
No expliques todo antes. Di el título, quién hizo la película y de dónde es. Lo demás, deja que el grupo lo descubra.
Empieza la conversación con preguntas abiertas. ¿Qué vieron? ¿Qué momento recuerdan? ¿Qué les pareció extraño? Antes de la “moraleja”, escucha.
En Pupilo Play hay cortos brasileños elegidos para el aula, muchos con ficha vinculada a la Base Nacional Común Curricular de Brasil (BNCC) y propuesta de actividad. La cuenta para educadores es gratuita.
En esta serie
- #1 Por qué cine en la escuela (este texto)
- #2 La Ley 13.006, más de diez años después: qué pide y cómo cumplirla
- #3 El cine como arte en la escuela
- #4 Cuando el grupo hace la película: lo que aprendimos en los talleres
- #5 Cómo llevar una película al aula con Pupilo Play
Referencias
- BERGALA, Alain. A hipótese-cinema: pequeno tratado de transmissão do cinema dentro e fora da escola. Traducción de Mônica Costa Netto y Silvia Pimenta. Río de Janeiro: Booklink; CINEAD-LISE-FE/UFRJ, 2008. (Original: L’hypothèse cinéma, 2002.)
- FANTIN, Monica. Cinema e infância na escola: algumas questões sobre a escolha dos filmes para crianças. En: FRESQUET, Adriana (org.). Cinema e educação: a Lei 13.006 – reflexões, perspectivas e propostas. Ouro Preto: Universo Produção, 2015.
- FRESQUET, Adriana; MIGLIORIN, Cezar. Da obrigatoriedade do cinema na escola, notas para uma reflexão sobre a Lei 13.006/14. En: FRESQUET, Adriana (org.). Cinema e educação: a Lei 13.006 – reflexões, perspectivas e propostas. Ouro Preto: Universo Produção, 2015.
- RANCIÈRE, Jacques. O mestre ignorante: cinco lições sobre a emancipação intelectual. Traducción de Lilian do Valle. Belo Horizonte: Autêntica, 2002. (Original: Le Maître ignorant, 1987.)
- XAVIER, Ismail. Um cinema que “educa” é um cinema que (nos) faz pensar. Entrevista. Educação & Realidade, Porto Alegre, v. 33, n. 1, p. 13-20, ene./jun. 2008.
- Cobertura 2ª Mostra de Cinema Chica Pelega – Sessões Escola. Canal de Pupilo en YouTube, 2022.